Diógenes de Sinope es el principal representante de la escuela cínica. Defendía que la filosofía no debía quedarse en la teoría, sino convertirse en una forma de vida. Su objetivo era alcanzar la libertad y la felicidad mediante la autosuficiencia, es decir, no depender de nada externo como la riqueza, la fama o el poder. Para ello afirmaba que el ser humano debía aproximarse a la vida de los animales, viviendo conforme a la naturaleza y con lo estrictamente necesario.
Llevó una vida extremadamente austera. Vivía prácticamente sin posesiones y reducía sus necesidades al mínimo. Según la tradición, habitaba en un tonel y solo tenía un manto, una alforja y un bastón. Consideraba que la sociedad crea necesidades artificiales y que el sabio debe vivir conforme a la naturaleza. Cuantas menos cosas necesita una persona, más libre es.
Una anécdota importante cuenta que su padre trabajaba acuñando monedas y fue acusado de falsificarlas. Diógenes también se vio implicado y tuvo que abandonar su ciudad, Sinope. A partir de este episodio interpretó su vida filosófica como una misión: “falsear la moneda” de los valores sociales, es decir, cuestionar lo que la sociedad consideraba valioso —la riqueza, el prestigio o el poder— y mostrar que eran falsos bienes.
Diógenes utilizaba la provocación como forma de enseñanza. Realizaba acciones escandalosas en público para criticar la hipocresía social y mostrar que muchas normas son convencionales y no naturales. Para él, los honores y las riquezas son bienes falsos que deben ser despreciados, y el sabio debe renunciar a todo lo convencional para vivir según la naturaleza.
También hubo mujeres cínicas. Una de las más destacadas fue Hiparquía de Maronea, que rechazó el matrimonio convencional, abandonó su vida acomodada y adoptó el modo de vida cínico, vistiendo el mismo manto que los filósofos y viviendo en la pobreza voluntaria. Las fuentes antiguas cuentan que, junto a su compañero, llevaba su relación sin intimidad privada, incluso manteniendo relaciones en público, para mostrar que las normas sociales sobre la vergüenza eran convencionales y no naturales.
El objetivo de esta escuela es adquirir libertad e independencia frente a lo exterior. Por eso el cinismo reflexiona sobre la pobreza y la falta de vivienda. El valor de la vida reside en uno mismo. El cinismo ha llegado hasta la actualidad y el uso actual de la palabra se refiere a alguien que actúa sin vergüenza o que no está apegado a nada. El término cínico viene del griego kynikós, que significa “perruno” o “como un perro”.
El estoicismo fue fundado en el año 300 a.C. por Zenón de Citium, y aún hoy encuentra seguidores. Al igual que los cínicos, los estoicos consideran que el ideal de los sabios es alcanzar una vida feliz sin necesidad de nada. ¿Cómo se puede lograr esta felicidad? Aceptando los acontecimientos y eliminando el deseo.
El punto de partida de la ética estoica es que la verdadera felicidad depende únicamente de nosotros mismos. Para el estoico, nada externo realmente cuenta, ya que todo su esfuerzo se centra en alcanzar la virtud, en lo que depende de él y que nadie puede arrebatarle... sobre su interioridad. Esta es la clave de su fortaleza.
A diferencia de los cínicos, los estoicos no despreciaban a sus semejantes ni a la sociedad. Para el cínico, quienes vivían mal eran simplemente unos tontos que merecían ser insultados y ridiculizados por su estupidez. Los estoicos, en cambio, se centraban más en sí mismos.
A nivel metafísico, los estoicos creían en un Logos que gobernaba el mundo, entendido como un principio racional y estructurador que organiza el universo. Para ellos, el Logos es una fuerza cósmica, una razón divina que permea y gobierna todo lo que existe.
La felicidad humana reside en aceptar que formamos parte de un todo mayor y que vivimos de acuerdo con el universo. El Logos, como razón cósmica, determina todo lo que sucede en el universo, incluidos los acontecimientos de nuestras vidas. Los estoicos creen que la verdadera felicidad consiste en aceptar el destino que el Logos ha planeado para nosotros. Esto implica no resistirse ni lamentar los acontecimientos, sino verlos, incluso los más difíciles, como una parte necesaria del orden universal.
En realidad, así es como se manifiesta la verdadera libertad: aceptando los acontecimientos. Para ello, es esencial controlar las propias pasiones y alcanzar un estado de apatía, es decir, la eliminación y ausencia de toda pasión, que siempre representa una perturbación de la mente. El autocontrol y el control de las pasiones permiten que las emociones no guíen nuestras acciones, sino que la razón lo haga.
El ideal estoico, transmitido por Epicteto, es: "aguantar y renunciar". Aguanta, porque tu destino será el mismo, te guste o no. Este es un plan establecido por el dios del que no puedes escapar, así que no tenemos más remedio que seguirlo obedientemente o dejarnos arrastrar. Y rendirse, porque siempre será más fácil alcanzar la paz, y con ella la felicidad tan buscada, si no nos dejamos dominar por nuestros deseos y apetitos.
Epicuro nace en Samos en el 342 antes de Cristo, vivirá en Atenas y morirá en el 270 antes de Cristo, la escuela de Epicuro es también llamada la escuela del jardín, puesto que Epicuro rechaza la ciudad y la dimensión política del ser humano. Para Epicuro en la ciudad la felicidad es difícilmente realizable, porque es un lugar de corrupción y de prisas donde hay mucha presión y poca libertad. Es por eso que decide fundar una escuela en plena naturaleza, fuera de la ciudad, denominada el jardín de Epicuro. Esta escuela está fundada sobre un principio básico: la amistad. Para formar parte de esta escuela es necesario una relación de amistad es decir de respeto recíproco. Epicuro será un innovador y abrirá su propia escuela también a las mujeres y a los esclavos, siendo la primera escuela que no tenía una exclusividad masculina. Es una escuela donde se vive en comunidad y se autoproduce en los alimentos y se colabora, es el que hoy en día entenderíamos como una especie de comunidad hippie. Epicuro formará una gran escuela que tendrá también sus seguidores en siglos posteriores, por ejemplo Lucrecio (escritor romano siguió mucho de cerca la obra de Epicuro) pero evidentemente gracias a la hegemonía cultural del cristianismo lo censuraron y su filosofía fue boicoteada prohibiendo sus escritos.
La teoría de la felicidad de Epicuro está contenida en la Carta a Meneceo y de esta carta podemos encontrar su célebre tetrafármaco es decir la teoría de los cuatro fármacos que hace feliz al ser humano. Haciendo ironía con la medicina nos da cuatro remedios para mejorar el alma:
La ética de Epicuro es hedonista porque afirma que el bien supremo consiste en el placer. Pero tenemos que entender que quiere decir Epicuro con Placer. La búsqueda del placer y de la felicidad que hace Epicuro se funda sobre la negación, es decir sobre la ausencia de temor y de dolor. Para Epicuro el ser humano es feliz cuando no siente dolor, la felicidad para Epicuro no es una lista que rellenar de acciones que hacen feliz, sino más bien la eliminación de las cosas que nos hacen infelices. La felicidad consiste en eliminar todas las cosas que producen dolor. El vocablo griego con el cual Epicuro expresaba esta aspiración es la ataraxia que significa imperturbabilidad o ausencia de perturbación.
La teoría del tetrafármaco es la teoría de los cuatro remedios contra el dolor que hacen la vida del ser humano infeliz pero ¿Cuáles son los cuatro males de los cuales nos tenemos que liberar para conseguir la felicidad?
El primer mal es el temor a los dioses: los seres humanos dice Epicuro muchas veces viven mal porque tienen miedo de Dios y quieren ser obedientes respecto a la divinidad y ejercen la Palabra de Dios.
Para Epicuro necesitamos liberarnos del temor de los dioses partiendo del presupuesto de qué del mismo modo que existe el bien existe el mal y que por lo tanto Dios no puede intervenir en el mundo. La existencia de Dios y el mal hace evidente que los dioses no interfieren en la vida del ser humano porque si el mal existe existiendo Dios es porque o bien Dios no quiere eliminar el mal y por tanto es malo y esto es imposible. Otra posibilidad es que Dios no pueda eliminar el mal por lo tanto Dios sería impotente y tampoco sería Dios.
Por el que no puede existir otra posibilidad: los dioses existen pero que no interaccionan con la vida humana, estos no entran en relación con las guerras, ni con los amores, ni con los terremotos ni con el covid, ni con la muerte accidental. Por lo tanto, no tenemos que vivir atemorizados por los dioses, hay que liberar a los seres humanos de vivir atemorizados por Dios, vivir en el temor de Dios.
El segundo mal del cual necesitamos liberarnos es para Epicuro el temor de la muerte. Este temor es para Epicuro absurdo porque la muerte es la eliminación de las sensaciones y como nosotros solo podemos conocer aquello de que tenemos sensación, no conoceremos nunca la muerte. Por lo tanto ¿Si no conocemos la muerte cómo podemos temerla y juzgarla? Epicuro afirma que cuando está la muerte no estaremos nosotros y que cuando estamos nosotros no estará la muerte, hay por lo tanto una incomunicabilidad entre la vida y la muerte. Para Epicuro solo los tontos tienen miedo en la muerte, la muerte yo puedo imaginarla pero de la imaginación no podemos tener conocimiento verdadero
El tercer mal del cual tenemos que liberarnos es el que deriva del dolor físico y que hace daño en nuestro cuerpo. Tenemos que dejar de temer tanto el dolor físico pasajero, como por ejemplo si me rompo una pierna, una gripe etcétera puesto que no tenemos que temer un dolor que se acabará, que se pasará mal unas cuántas horas. Si se acabará ¿Por qué amargarnos la vida? Si es un dolor que acabará la alternativa es pues aceptarlo, porque al fin y al cabo acabará. Por lo tanto una perspectiva de indiferencia respecto al dolor físico pasajero pero ¿Y si el dolor físico no es pasajero y si está ligado a una enfermedad que es mortal? También en este caso para Epicuro es inútil dañarse o preocuparse porque será la muerte la que nos libere del dolor. En este caso, la muerte nos separará del dolor por lo tanto si es un dolor pasajero es inútil temerlo porque pasará y si es un dolor estable y destinado en la muerte es mejor aceptarlo porque la muerte nos libera del dolor, necesitamos pues relacionarlos con la enfermedad de manera indiferente
El cuarto y último mal del cual tenemos que liberarnos, y es el mal qué más probablemente hoy nos envuelve, es el mal que deriva de los deseos y del placer es decir del ansia de satisfacción de los placeres. Para limitar la no satisfacción de los deseos y placeres debemos primero reflexionar cuáles son los placeres. Epicuro divide los placeres en tres tipos: naturales y necesarios, naturales y no necesarios y para finalizar no naturales y no necesarios
Los primeros: los deseos naturales y necesarios son aquellos que tenemos que perseguirlos porque son necesarios para nuestra vida y la felicidad viene cuando conseguimos este placer y el dolor cuando no conseguimos estos deseos. Estos placeres necesarios son por ejemplo, comer, dormir, tener amigos, tener tiempo para uno mismo etc. Estos placeres tienen que ser cultivados. Evidentemente nosotros nos damos cuenta de la importancia de estos deseos cuando no conseguimos realizarlos. Por ejemplo, una persona que tiene mucho insomnio no es feliz. Si le dices a una persona que sufre insomnio que se preocupe por los placeres del alma o por cualquier otra cosa evidentemente no puede porque primordialmente necesita dormir, por lo tanto hay en Epicuro una gran exaltación del apagamiento de los placeres físicos.
Los segundos placeres que tenemos son los placeres naturales pero no necesarios que vienen que tienen que venir perseguidos moderadamente entre estos placeres podemos encontrar por ejemplo la comida de nuestros platos favoritos, las relaciones sexuales, ciertos tipo de lujos, etcétera. Estos placeres tienen que tratarse con moderación porque si yo por ejemplo, como todos los días mi plato favorito al final este placer disminuirá y será banalizado.Los tengo que gestionar racionalmente, de manera moderada de tal manera que exista el placer de disfrutar y no el exceso.
Por ejemplo, el placer de levantarse a las 12 es un placer maravilloso para un domingo, pero si me levanto cada día a las doce me invadirá el hastío y el aburrimiento. Es por eso que Epicuro es denominado muchas veces el filósofo de las pequeñas cosas, porque nos enseña el amor por los pequeños placeres. El hecho de tener placeres esporádicos hace que cuando lo realice sea momento de belleza de la vida y es así como existe mecanismo de gozo y de aprecio de aquello que no hacemos todos los días. Lo mismo vale según Epicuro para la sexualidad, Epicuro es un filósofo que exalta la masturbación porque es un filósofo de los sentidos y las pequeñas cosas que exalta la posibilidad de placer de manera autónoma independiente sin recurrir a los otros, darnos placer solos, mientras que el cristianismo condenó la automasturbacion y es por una de las cosas que Epicuro fue prohibido, por esto en la óptica cristiana es un filósofo del pecado.
Por último tenemos los placeres artificiales es decir que no son naturales ni necesarios. Estos placeres para Epicuro provocan dolor, por ejemplo la búsqueda de la fama o de la belleza, de consumo o de poder. Estos son sin embargo los valores triunfantes en nuestra sociedad. Epicuro piensa que aquellos que intentan cambiar por ejemplo la belleza y aparentar que con un cuerpo de 40 tienen un cuerpo de 20 son gente que en general está frustrada porque son placeres irrealizables. No podemos fundar según Epicuro nuestra felicidad en estos placeres artificiales porque no son estables, tenemos que perseguir los placeres estables que son por ejemplo, la amistad, el diálogo, la cooperación etc. Epicuro en un jardín con amigos viviendo de manera y moderada, un modelo de felicidad incompatible con una sociedad de capitalismo avanzado cómo es nuestra fundada justamente en los placeres artificiales
Para Epicuro y quizás esta es una reflexión que podamos hacer de nuestra sociedad no seremos felices si no eliminamos el tema de las posesiones y pasiones artificiales, quizás el error de nuestra sociedad es haber unido la felicidad al consumo si no nos liberamos de este concepto será muy difícil encontrar una felicidad estable.
En su ética, Aristóteles sostiene que el bien supremo al que podemos aspirar en la vida es la felicidad. Aunque es cierto que los seres humanos se esfuerzan por alcanzar otros objetivos, como la riqueza, la fama o el poder, ninguno de estos objetivos es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar la felicidad.
Lo que la gente realmente busca es ser feliz, y si lo logran, habrán alcanzado el bien supremo al que aspiran. La felicidad no es un medio, sino un fin en sí misma. El término griego para la felicidad es "eudaimónica", por eso la ética de Aristóteles se llama ética eudaimónica.
En su gran obra Ética a Nicómaco, Aristóteles ofrece a su hijo Nicómaco una profunda reflexión sobre la virtud y la felicidad, explicando cómo ser virtuoso y alcanzar la felicidad.
Para Aristóteles, la felicidad es una consecuencia de la virtud. El paradigma griego consideraba la virtud equivalente a la felicidad: ser virtuoso significa ser feliz. El ejercicio y la posesión de una virtud sana y robusta nos llevan a la felicidad.
Según Aristóteles, los seres humanos son virtuosos cuando ejercen su propia virtud, su virtud específica. Por ejemplo, el panadero es virtuoso cuando hace el mejor pan, o el deportista virtuoso es quien destaca en su deporte. Obviamente, la actividad propia de los seres humanos es ser racional. Lo que nos hace únicos y nos distingue de los animales es el pensamiento racional; Nuestra capacidad de pensar es lo más valioso que tenemos. Así, la felicidad consiste en lograr lo que nos hace humanos: una vida racional. La vida más feliz no es aquella que posee fama o dinero, sino aquella en la que nos dedicamos a pensar y buscar la verdad.
La virtud debería preocuparnos en nuestra vida diaria, es decir, en la forma en que nos comportamos y actuamos cada día, ya sea cuando cogemos el autobús por la mañana o al llegar al colegio, así como en otras situaciones cotidianas.
Cuando los seres humanos ejercen su racionalidad, son felices. La felicidad depende del ejercicio de la virtud como hábito. Nos volvemos virtuosos acostumbrándonos a actuar correctamente en los comportamientos que elegimos, porque estas acciones nos transforman con el tiempo y se convierten en inclinaciones. Así, los seres humanos pueden elegir su propia felicidad actuando correctamente.
Pero, ¿cuándo es correcta una elección? Aristóteles pensaba que, en la práctica, para ser virtuosos, debemos huir de los extremos y los excesos, buscando siempre el equilibrio adecuado a través de la razón.
La virtud ética para Aristóteles es la prudencia, la capacidad de elegir la media de oro entre extremos. Por ejemplo, el punto intermedio entre ser cobarde e imprudente es el valor. El ser humano virtuoso no es ni el cobarde que se esconde y huye de una situación, ni el imprudente que se lanza de cabeza al peligro. Si, por ejemplo, presencias un ataque racista de cuatro hombres contra una persona, para Aristóteles, el cobarde sería quien finge no ver nada, mientras que el imprudente se lanzaría contra el grupo. El punto intermedio sería el valiente, el que cogería el teléfono para llamar a la policía y avisar a otros para que les ayudaran.
Sin embargo, no siempre es fácil encontrar el equilibrio adecuado, ya que la posición intermedia depende de las circunstancias. Por tanto, todos deben aprender en la práctica cuál es su punto medio feliz según sus circunstancias personales. La virtud ética generará justicia, pues la persona justa siempre debe saber encontrar el equilibrio adecuado. El juez es una figura justa, porque debe saber cómo distribuir claramente sanciones y sanciones. La Ética de Nicómaco es un himno a la virtud y la felicidad, pues la felicidad no es más que la posesión de la virtud. El vicio es lo que nos aleja de la felicidad.
Shopenhauer, un filósofo del siglo XIX conocido como el autor del pesimismo cósmico. Schopenhauer tuvo una vida complicada, con un carácter con tendencia a la ira y al pesimismo. Se crio en una buena familia austro- alemana, su madre era una gran intelectual que frecuentaba todos los círculos literarios de la época entre los que se encontraba Goethe. Su madre tenía un carácter jovial y alegre, cosa que contrastaba con el carácter de Schopenhauer, sin embargo, su padre se suicidó cuando Schopenhauer era joven y este hecho lo marcó de por vida.
Schopenhauer es un autor que destaca por una filosofía marcada por un gran pesimismo, además es el autor que introduce las filosofías orientales, hinduismo y budismo, por primera vez en Occidente. Para Schopenhauer la realidad humana se presenta como una gran mentira que se inventa el ser humano para soportar la dureza de la vida.
En su obra El mundo como voluntad y representación afirma que la esencia del mundo es voluntad de vivir, una voluntad de vivir ciega y eterna. El mundo es el producto de una voluntad de vivir ciega, egoísta e irracional donde los seres humanos participan de ella de manera irremediable.
¿Pero cómo se deduce de esta voluntad de vivir el pesimismo? La vida del ser humano es una manifestación de la voluntad de vivir y por lo tanto para imponerse genera la estrategia del deseo, sin embargo, en el ser humano los deseos que tenemos no llegan a cumplirse o se cumplen pocos de ellos. El ser humano es por naturaleza un ser que desea, pero de los miles de deseos que el ser humano produce muy pocos encontrarán su realización. Esta diferencia entre lo mucho que deseamos y lo poco que conseguimos genera una gran infelicidad. Por lo tanto, concluye Schopenhauer, el ser humano es estructuralmente nacido para ser infeliz. Esta teoría del pesimismo cósmico se expresa muy bien en la famosa frase de Schopenhauer la vida del ser humano es como un péndulo que oscila entre deseo y hastío pasando fugazmente por el placer
El ser humano que no para de desear inmediatamente después de haber conseguido su deseo, se aburre y que necesite nuevas experiencias. Siempre insatisfecho encuentra ahí la fuente de dolor. Por lo tanto, la vida es sufrimiento y dolor. El mundo en su totalidad funciona de la misma dinámica, cada ser vivo lucha por que su voluntad de vivir se concretice.
Una vez entendido el pesimismo cósmico ya no hay vuelta atrás, por eso la única solución para evitar el dolor es intentar anular la voluntad de vivir. De ahí la importancia de las culturas budistas, lo importante es anular la voluntad para liberarse del dolor. Y ahí es donde entra el arte, el arte es el primer paso para anular la voluntad de vivir. Schopenhauer afirma que la anulación de la voluntad tiene dos etapas: la primera de ellas corresponde al arte, el arte nos ayuda a liberarnos del dolor. Hay que recalcar la modernidad de Schopenhauer del arte como terapia, ya que es algo que se utiliza hoy en día y que ya Freud desde el psicoanálisis comenzó a utilizar. Según Schopenhauer el arte anula la voluntad de vivir ya que tiene un componente desinteresado que se dedica solamente a la contemplación de las formas. y con él eres capaz de olvidarte, aunque de manera temporal de ti mismo y de la voluntad de vivir, de ahí que sea catártica. Así la felicidad en Schopenhauer es una ilusión propia de la gente ignorante que no conoce la realidad del mundo.