El cambio de paradigma filosófico: El paso a la filosofía medieval
Con la caída del imperio romano de Occidente, en el siglo V después de Cristo, da comienzo a lo que llamamos Edad Media, un período de casi 1000 años de la historia europea, que ocupa aproximadamente la mitad de nuestra civilización occidental, es decir, diez siglos. Es evidente que este periodo no se puede comprender sin la aparición del cristianismo y el nacimiento de Jesús de Nazaret. Jesús se autoproclamó como el Mesías (Christos) que esperaba la religión judía y que los profetas habían anunciado en el Antiguo Testamento, declarándose el Hijo de Dios en la Tierra. Por ello, cuando tenía 33 años fue denunciado por los judíos ante Poncio Pilatos, quien condenó al profeta a la crucifixión. El cristianismo provocó una gran agitación en el pensamiento occidental y poco a poco, fue extendiendo por todo el Imperio Romano. Las grandes respuestas filosóficas fueron expresadas desde una perspectiva religiosa y no racional. Postulando una doctrina de salvación que se fundamenta en la fe. El cristianismo tras su aparición fue evolucionando como una secta más dentro del abanico de creencias que convive con el imperio hasta convertirse en la religión oficial. En el año 313 d, el emperador Constantino la convirtió en una religión permitida en el imperio, pero fue a finales del siglo IV cuando Teodosio al convirtió en la religión oficial del imperio inaugurando la edad media
En la Edad Media la religión cristiana fue la dominante hasta la aparición el S. VII el islam, fundada por Mahoma en Arabia y la cual se difundió rápidamente por el norte a África, el sur de Europa y Asia y estuvo en nuestro país hasta el siglo XV. En el mundo cristiano medieval, aunque a principio se sirvieron de las obras platónicas para formar la filosofía cristiana, durante los siglos posteriores gran parte del conocimiento de la Antigüedad clásica (filosofía y ciencia griegas) se perdió o fue ignorado por la influencia de una cosmovisión centrada en la religión. Sin embargo, en el mundo islámico, los primeros califas promovieron la traducción de estas obras desde el griego al árabe, especialmente en Siria y otros centros culturales. Esto permitió conservar y desarrollar el saber clásico. Y que a partir del contacto cultural entre el mundo cristiano y el islámico, especialmente en la península ibérica (Al-Ándalus), los textos traducidos del árabe al latín comenzaron a circular por Europa. Esto permitió en el siglo XIII la reintroducción de la filosofía y la ciencia clásicas, que habían estado en gran medida olvidadas en Occidente. Filósofos como Al-Farabi, Avicena (Ibn Sina) y Averroes (Ibn Rushd) jugaron un papel crucial. No solo reinterpretaron las ideas de los clásicos griegos como Aristóteles y Platón, sino que también realizaron aportes originales en campos como la metafísica, la medicina, la ética y la lógica. Esta transmisión de conocimiento árabe fue una de las claves para el desarrollo del Renacimiento en Europa. La recuperación del pensamiento clásico, gracias en parte al trabajo de los intelectuales islámicos, ayudó a romper con la visión teocéntrica de la Edad Media y abrió camino hacia una perspectiva más humanista y racionalista.
Los temas centrales de la filosofía medieval
Por otro lado, en lo que respecta a la filosofía medieval occidental podemos encontrar dos grandes periodos, por un lado, el primer periodo, la patrística fue la reflexión de los primeros pensadores cristianos que comienza a aparecer en el siglo II d. C y tiene su esplendor en la figura de San Agustín, el agustinismo fue la corriente filosófica dominante hasta el siglo XII. Este periodo se denomina así por los padres fundadores de la iglesia. Pese a que no eran propiamente filósofos ya que encontramos a predicadores apologetas (persona que se ocupa de demostrar y defender la verdad de los dogmas del cristianismo) o exegetas (personas que interpretan el significado de los textos bíblicos) , todos estos pensadores tienen en común que intentaron clarificar las principales verdades del cristianismo a través del pensamiento platónico, ya que estaban influenciados por la escuela neoplatónica, Plotino por ejemplo recogió la teoría de las ideas platónica considerando estas como los modelos de las cosas en la mente divina- utilizando la filosofía antigua y sus conceptos para tratar de justificar los dogmas cristianos y, de ese modo, defender la religión cristiana de las críticas y de la herejía.
El segundo periodo de la filosofía medieval es la escolástica, que comienza en el siglo XII y hace referencia a la manera en la que se estudiaba la filosofía en las escuelas y monasterios (de ahí el nombre de «escolástica»). En términos estrictamente filosóficos, la escolástica se refiere a la interpretación cristiana de la filosofía de Aristóteles que se produjo a partir del siglo XIII y tiene su máximo representante en Santo Tomás que intentó hacer una síntesis entre fe y razón.
A nivel ontológico, el cambio fundamental del pensamiento de la época medieval con respecto del pensamiento griego es que mientras que el hombre griego veía el mundo como algo cambiante y eterno, el hombre cristiano lo ve como algo que no era nada y que ha pasado a ser gracias a la creación divina pues es Dios y solo Dios el que con su gracia crea y da razón de existir a todas las cosas. Derivado de ello, si el hombre griego buscaba la verdad, la investigaba para fundamentar su conocimiento, ahora, el hombre cristiano tendrá otras preocupaciones porque la verdad ya la tiene. Para el hombre cristiano no hay más verdad que la que está escrita en las sagradas escrituras y, partiendo de ahí, lo que hay que hacer ahora es comprender el contenido de la verdad revelada y justificar los dogmas del cristianismo
Por lo que respecta a los problemas filosóficos, en una época en la que Dios era considerado el Ser supremo por encima de todos los demás seres, será también el centro de la reflexión filosófica, por lo que hablamos del teocentrismo de la filosofía medieval. Los problemas filosóficos propios de esta época, es decir, a los que los filósofos medievales dedicaron su esfuerzo.
En este momento histórico la filosofía es sierva de la teología (ciencia de Dios): La teología tiene un lugar central y la filosofía no será una disciplina autónoma, sino que dependerá de la teología. La filosofía se asignaba la tarea de constituir un intento de dotar de inteligibilidad y consistencia las verdades reveladas
Dado que todo el sistema filosófico medieval se fundamenta en Dios, resulta esencial demostrar tanto su existencia como su esencia. Dios es concebido como un ser omnipotente (que todo lo puede), eterno (que no nace ni muere, siendo siempre), y trascendental (que trasciende su propia creación y no es perceptible a través de los sentidos). Esta concepción plantea interrogantes fundamentales: ¿cómo puede afirmarse su existencia? ¿Es posible justificar de manera racional o basta con la fe?
La imposibilidad de percibir a Dios mediante los sentidos implica que, de ser material, sería mutable y perecedero, lo cual contradiría su naturaleza divina. Sin embargo, al situarse más allá de lo sensible, surge la cuestión de qué características pueden atribuirse a este ser supremo. Los filósofos medievales se dedicaron a reflexionar sobre las cualidades de Dios, intentando definir su naturaleza todopoderosa y los caminos posibles para conocerlo y demostrar su existencia.
A nivel epistemológico, el tema central de esta época gira en torno a la relación entre fe y razón. Durante este periodo, la fe se consideraba superior a la razón, ya que la verdad última residía en los textos sagrados. De las tres posibles fuentes de conocimiento —la razón, la experiencia y la revelación—, cuando las dos primeras entraban en conflicto con la tercera, era necesario subordinar la razón y la experiencia a la doctrina revelada.
En este contexto, surgieron dos grandes enfoques dentro del cristianismo primitivo: los apologetas y la escuela de Alejandría. Los pensadores de la escuela de Alejandría buscaron armonizar los artículos de fe con la razón, considerando la filosofía una herramienta válida para profundizar en las verdades reveladas. Por otro lado, los apologetas, al enfrentar las críticas de los filósofos de su tiempo, no intentaron reconciliar razón y fe, sino que afirmaron: “por eso mismo creemos”. Esta declaración subrayaba una concepción particular: fe y conocimiento racional no pueden coexistir plenamente, ya que la comprensión intelectual elimina la necesidad y el carácter distintivo de la fe.
Cuando la razón se somete a proposiciones que parecen contradecirla, lo hace al reconocer en ellas una verdad superior, trascendental. Este acto de subordinación de la razón constituye, desde esta perspectiva, un acto de fe entendido como una virtud teologal. Un ejemplo extremo de esta postura se encuentra en la célebre frase de Tertuliano: "Credo quia absurdum" ("Creo porque es absurdo").
Otro tema central del pensamiento medieval es el problema de los universales, que se refiere a la naturaleza y existencia de las ideas o nociones comunes que parecen compartidas por todos los individuos de una misma especie. Este debate tiene sus raíces en las Ideas o Formas platónicas y las esencias aristotélicas, conceptos que buscan explicar qué es aquello que define la identidad de una cosa y que es común a todos los miembros de una categoría. La pregunta fundamental es: ¿los universales tienen existencia propia, independiente de los objetos particulares que representan o por el contrario son palabras vacías de significado sin entidad concreta?
Por otro lado, respecto a los problemas de fundamentación ético-política en esta época Dios dotó de sentido a la moral y la política. La creación divina ha tenido, según la religión cristiana, una generosidad superior al crear al ser humano. El ser humano ha sido creado «a imagen y semejanza de Dios». Por tanto, aunque no es perfecto, es bueno y está constituido por un cuerpo y un alma. En los mandamientos está la regla moral a seguir por lo que el debate ético político deja de ser importante en esta época, Dios nos dice cómo hemos de vivir como actuar para conseguir la salvación. Sino la condena eterna caerá sobre nosotros.
Es importante destacar que, pese a la importancia de la fe en la condición humana, esta ha ido perdiendo peso en Occidente con el paso de los siglos. La fe otorga un sentido a la existencia que no otorga otra cosa. La idea de Dios quizá es una de las ideas más potentes de la humanidad y no se puede desprestigiar su valor. En la Edad Media si uno nacía campesino, moría campesino, su existencia estaba ubicada dentro de un plan divino, los seres humanos solo debían cumplir sus mandamientos si querían garantizarse la vida eterna. Pocas decisiones tenían en su mano, sin embargo, el sucesivo desencantamiento de occidente con respecto a la fe le ha otorgado mayor peso a la existencia, pues no solo nos genera el concepto de finitud vital, sino que además el abanico de libertad y por lo tanto de responsabilidad de nuestra propia vida es mucho mayor.